Editorial - La cámara del novio de mi amiga

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Editorial - La cámara del novio de mi amiga

…y llegó la noche. Recién mi amiga se había marchado, iba hacia la ciudad ubicada a media hora de donde estábamos junto con su novio.

Estaba muy sola, no había nadie a mí alrededor. Era yo recostada en la hamaca observando cómo la noche se engalanaba con las estrellas del firmamento, y los sonidos de animales comenzaban a hacerse más prominentes.

Me aterraba un poco saber que me encontraba sola, bajo ese pequeño kiosco y con una piscina al lado. No era que sintiera miedo, sino me aterraba el no poder estar compartiendo con nadie ese momento. Soy de aquellas mujeres que sueñan cuando están despiertas, que fantasean con las cosas que ven a su alrededor; las tímidas, las que son calladas pero que disfrutan de los buenos placeres de la vida. Sí, el sexo, que mejor placer que darle al cuerpo y a la mente.

La noche terminó de poner cada punto brillante en el firmamento y mi amiga no llegaba. Supuse que se había quedado con su novio y querían estar solos un rato.

Estaba aburrida, miraba a mí alrededor y no encontraba nada que hacer. Aunque sí me imaginaba muchas cosas con el novio de mi amiga… y bueno con mi amiga también; en esa piscina, de noche, los tres… ¡wow!

Al mirar a mí alrededor noté una cámara fotográfica. Debo decir que es una de mis pasiones tomar fotografías ¿o tomármelas?
Supuse que la cámara era del novio de mi amiga. Se notaba por las fotos que le había tomado a ella. Lo único que pensé es que nunca había imaginado todo lo que mi querida angelita escondía bajo su ropa.

Totalmente sola, con una cámara, de noche, la piscina, un buen tequila ¿alguna idea? Por supuesto que sí. Y si a eso le sumamos lo sensual que me sentía… una buena combinación.

Desnudarme junto a la piscina, con la oscuridad de una noche sin luna como mi cómplice y con el lente que me miraba con deseos carnales. O bueno eso era lo que yo pensaba. Mucha imaginación ¿no? Pero por ahí dicen que el placer de una mujer no es físico si no mental. Eso sí que es verdad.

La cámara la tenía en mis manos. O más bien en mi mano, porque la otra estaba ocupada tratando de desnudarme; quitándome el top que cubría mí pecho, para dejarlo al descubierto y que millones de estrellas fueran testigo de esa creación divina.

La noche pasó entre fotos y tequila. Al final no supe ni donde dejé la cámara, ni en qué momento me acosté en mi cama.
En la mañana cuando me levanté, corrí presurosa a buscar el cuerpo del delito. La cámara obviamente porque el resto yo lo tenía, y ¡oh! sorpresa la que me llevé.

Entré a la habitación de mi amiga y estaba haciendo algo que no creía mientras miraba mis fotos… aunque más me asombraron mis palabras que fueron: “¿necesitas una mano?”.

Pero bueno, porque no las ves tú también y te sorprendes al igual que lo hizo mi muy querida amiga, de pronto te pueda echar una mano a ti también.

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