La fantasía de “La Santa”
Definitivamente en muchas ocasiones es difícil para los hombres que las mujeres accedamos a los deseos con los cuales sueñan. Ver a dos mujeres en la intimidad con ellos, tal vez cambiando parejas, haciéndolo en un lugar público, o alguna otra fantasía.
Hay una escena en la película Paraiso Travel que se convirtió en mi fantasía. En una mesa de billar, ‘Marlon’ (el personaje principal, que está buenísimo hay que decirlo) y ‘Reina’ (la novia de ‘Marlon’ que también es muy interesante) coquetean, se seducen, se miran el uno al otro con aquellas ganas que nace del deseo carnal entre uno hombre y una mujer… en fin, dejemos la descripción ahí. Si no han visto la película, véanla y sabrán de lo que hablo.
Pasé de ser la que no deseaba nada y la que criticaba las fantasías de todos los hombres, a tener la más sensual y provocativa de todas ellas. O bueno, para mí, la niña “santa”.
No tengo novio, la verdad estoy cansada de tantos ‘intensos’ que hay. No saben apreciar la sutileza de una mujer, cómo conquistarla, ser cariñosos, tiernos y aunque sea disimular que solo van en busca de sexo. Señores, hay que saber cómo “comerse” una ciruela.
Pero… ¿quién dice que el no tener novio es un impedimento para cumplir una fantasía? Tal vez es más difícil porque no sabes cómo será la persona, no la conoces. Yo creo que cuando una relación está avanzada podemos hablar de fantasear, que el uno le cuente al otro lo que quiere e ir cumpliendo poco a poco la meta de llegar al placer celestial.
No hay duda que la noche del jueves 5 de junio se consagró como la mejor. Nunca supe su nombre, pero era un fotógrafo muy experimentado en todos los campos, puedo afirmarlo. Así como lo conocí, se perdió de mi vista, pero no sin antes dejar todo su hedor en mi ropa, en mi cuerpo y en mi mente.
Fue en un penthouse al norte de Bogotá. Estaba aburrida, ya me iba a ir, cuando descubrí una habitación en donde adivinen que había, ¡una mesa de billar! Nunca había jugado porque siempre he dicho que es un juego de ‘machotes’. Pero lo intenté, porque no hacerlo. No sabía qué hacer entonces metía todas las bolitas en los huequitos, le pegaba a todas, no tenía ni idea.
Alguien entró a esa habitación, era un hombre alto, de tipo promedio mejor, pero su mirada no sé que hizo en mí. Era como si me hubiera congelado. Se acercaba más y más, no sabía si era el momento, si era él, yo, la mesa de billar o era todo; si acaso podía mantenerme en pie. Tomó mi cara la puso de lado y solo dijo, ‘perfetto’.
Traía una cámara. Me miró, tomó una o dos fotos. Volvió a acercarse, mientras mis labios rozaban sus manos. Aquellas sutiles y suaves manos que no sé cómo, pero empezaron a desvestirme lentamente. Estaba en shock no sabía qué hacer. Las palabras de él fueron acuéstate en un acento italiano. Temblaba, solo hacía lo que él me decía.
Su lente jugó conmigo. La forma como me capturaba en un instante de tiempo con su cámara, me hacía sentir sensual. No podía evitarlo, no sabía que me gustaba posar ante un lente. Fue una hora espectacular. ¿Se preguntan si tuvimos sexo? Pues no, una mujer no necesita sexo para llegar a la gloria del placer. Tan solo sentirse sensual, importante, atrevida, y santa como yo me sentí.
Sus palabras de adiós fueron, “addio bella, mi fantasía era tenerte frente a mi lente”, en ese instante comprendí que es más fácil acceder cuando es una fantasía en común.



