Zoo-aventura




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Su mamá siempre le dijo que su cuarto parecía un zoológico. Declara aún no saber a qué se refería su madre con ello.
El amor por los animales le viene de pequeña. Cuando vivía con sus papás siempre luchó por el derecho a tener un perro en la casa. Ahora que vive sola, a duras penas llegó tener un pez que brincaría de su acuario una semana después de comprado, suicidándose tristemente.
A pesar de sufrir de rinitis, tiene una colección de todo tipo de animales de peluche, desde dulzones y predecibles osos hasta un terrorífico armadillo, del cual asegura, le trae muy gratos recuerdos de su adolescencia.
La invitamos al Zoológico aprovechando que su regreso a Bogotá se había retrazado hasta la noche gracias a que la sesión de la mañana se había alargado.
Ella feliz aceptó.
Dijo a su salida mientras se comía un algodón de azúcar: “El Zoológico de Cali es uno de los más bellos que he visto, casi todos a los que he ido huelen a mico literalmente, pero este por el contrario huele muy rico”.
